Y la realidad... ¿para cuando?

hace 2 meses · Actualizado hace 7 mins

 

Instagram, Tik Tok, skincare, dietas, gimnasio, suplementos… etc. son solo algunas de las palabras que se han convertido en virales en el último tiempo. ¿Qué tienen todas ellas en común? Son plataformas de contenido, productos o rutinas relacionadas, aparentemente, con la salud. Pero lejos de tener un efecto positivo en las personas; si no se hace un uso adecuado de todas ellas; se pueden convertir, tal y como ocurre a día de hoy, en factores que influyen en la obsesión por la imagen física, generando problemas físicos, mentales y relacionales.

 

¿Qué es la imagen corporal?

La imagen corporal es la forma en la que una persona percibe, piensa, siente y actúa sobre su propio cuerpo, estando ligada directamente a la autoestima.

A día de hoy, vivimos en un mundo donde la exigencia por la estética y la apariencia se nota en cada aspecto de la vida, no siendo solo una estética física sino también una romantización continua de objetos o aspectos diarios.

¿Qué es, en mi opinión, lo más “peligroso” de esta nueva moda? Que se juega con las emociones. Se vende la idea del “único autocuidado” como forma del bienestar, ya sea asociado a una rutina de maquillaje, a un look de ropa, a pasarse horas en el gimnasio o a qué tipo de vajilla, velas o tazas tener en casa. Todo ello recopilado en un precioso video de Instagram con una música, texto, mensaje y esencia con un alto componente emocional creado por un influencer o fitinfluencer (influencer “especializado” en el ámbito del fitness y la salud).

La imagen corporal consta de cuatro aspectos importantes:

  • Parte perceptiva: la percepción que se tiene del cuerpo. Como cree cada persona que se ve su cuerpo en tamaño, forma, rasgos…etc.
  • Parte cognitiva: opinión y valoración que se hace del propio cuerpo. Por ejemplo, creencias, comparaciones, opiniones…etc.
  • Parte emocional: como te hace sentir tu propio cuerpo; ¿seguridad o inseguridad, aceptación o frustración, culpa, orgullo, rechazo?
  • Parte conductual: que se hace y como se actúa con todo lo anterior. Por ejemplo, si siento que mis caderas son demasiado anchas, eso va a hacer que me compare con el cuerpo de otras mujeres y me va a generar inseguridad, lo cual puede llevarme a no vestir ciertas prendas de ropa ya que siento que refuerzan más la anchura de mis caderas.

La imagen corporal se va generando a través del tiempo viéndose influenciada por la familia, las experiencias vitales, la autoestima personal, las ideas sociales y culturales… etc. pudiendo generar obsesión y diferentes trastornos mentales.

 

¿Qué consecuencias puede generar el sentir presión u obsesión hacía la imagen corporal?

  • Trastornos de alimentación. Uno de los problemas más graves actualmente entre los jóvenes y adolescentes son la anorexia, la bulimia y/o el trastorno por atracón. Los trastornos de alimentación pueden ser el síntoma de muchas problemáticas, pero en cuanto a los estándares de belleza y la presión social se refiere, pueden aparecer a consecuencia de la perfección.  La presión social obliga a estar perfectas físicamente sobre todo a las mujeres, maquillaje perfecto, outfit perfecto, rutina de skincare perfecta, hacer deporte, tener un trabajo “guay” y exitoso… en definitiva, tener una vida perfecta.

Eso se convierte en una espiral en la cual la persona se va pidiendo cada vez más y más y lo que se percibe, se piensa, se siente y se actúa con el cuerpo y su imagen deja de ser natural para pasar a ser forzado, correcto, bonito y esperado. Lo más peligroso de todo esto, en mi opinión, es que muchas de estas espirales contienen un componente manipulativo importante. Se vende la idea de que esta moda/rutina o producto te va a hacer sentir bien, ya que la persona que aparece en pantalla evoca una imagen de seguridad y confianza en ella/él mism@, dando a entender que es gracias a esa rutina, a ese maquillaje o a ese estilo de vida.

  • Dismorfia corporal. Este trastorno se caracteriza por una excesiva preocupación en las imperfecciones o las partes del cuerpo que generan incomodidad. Normalmente, no observables o imperceptibles por el resto de las personas, pudiendo generar obsesión y derivar en otros trastornos mentales.

 

  • Vacío emocional. Manipulación mediante productos, rutinas, modas y estilos de vida afectando a la gestión emocional y a la autoestima.

Por ejemplo; cuando se anuncia un perfume, se tiende a generar un impacto emocional en el consumidor, ya sea asociando el olor del perfume a la valentía, a la fuerza o al amor. Obviamente todo olor tiene un componente emocional individual para cada persona, generando una sensación individual. Pero esa sensación no es más que eso, una sensación con un significado personal para ti. La valentía, la fuerza o el amor provienen de tí y de como las gestionas.

Casi todas las personas somos capaces de entender y diferenciar esto, pero cuando se está continuamente expuest@ a ello, los mensajes, sin darnos cuenta, van calando poco a poco.

Todo ello va generando un vacío emocional, ya que la vida se vuelve en tener que sentir todo el rato ese ideal que se proyecta en redes, fuerza, bienestar, seguridad, tranquilidad y vivir en una vida perfecta.

  • Visión de vida automática. Supone vivir desde un piloto automático, sin pararte a pensar, ¿Cuánto quieres o necesitas esto que estás haciendo?, ¿Qué es lo que realmente necesitarías? ¿Qué te aporta?

La presión mediática continua anula nuestra sensación real con el cuerpo. Generando…

  • Obsesión, frustración, insatisfacción y daño en la autoestima ¿Y si no puedes conseguir todo eso que se establece? ¿Cómo te vas a sentir?

Probablemente, frustrad@, insatisfech@, menos valios@ o inferior.

Alcanzar o no el idela de belleza, deporte y salud no define quién eres. Las personas somos mucho más que como vamos vestid@s, adonde viajamos o qué tipo de casa tenemos. Somos seres individuales con pensamientos, emociones y necesidades, todas diferentes y válidas.

  • Ansiedad y depresión. Pensar que tu valía personal está estrechamente ligada a la apariencia física o a la forma de vida.
  • Las redes sociales promueven que se rechacen ciertas partes personales o de características físicas.
  • Buscar el resultado continuamente.

 

Según un reciente estudio (Feijoó, Vizcaíno-Verdú, Sádaba, 2004), las adolescentes chicas tienden a sentir más presión hacía estar delgadas y en forma mientras que los adolescentes chicos sienten la presión en torno al tamaño o definición de sus músculos.

Para un gran porcentaje de ell@s, un cuerpo tonificado es un cuerpo sano, siendo la diferenciación entre un cuerpo saludable y estético bastante difusa.

Cabe diferenciar la influencia que ejerce el entorno en estas ideas. En relación a la concepción de un cuerpo saludable, los padres y madres, otros adultos y los amigos son los que tienen una mayor influencia significativa, sobre todo al inicio de la adolescencia. En el caso de la percepción de un cuerpo estético, los influencers tienen mayor influencia.

L@s adolescentes consideran que la publicidad, las redes sociales y los medios de comunicación priorizan la apariencia física. Y algo más de la mitad de los encuestad@s considera que tener un cuerpo musculado y tonificado ofrece más oportunidades laborales, sociales y personales.

 

¿Cómo gestionarlo?

  • Psicoeducación en colegios y en casa. Dotar a los padres y al profesorado de información y herramientas para enseñar a los jóvenes a generar un pensamiento crítico, reflexivo e individual sobre aspectos de la vida.
  • Minimizar el consumo de redes sociales. Todo lo que se ve en redes sociales no es verdad. En ocasiones, se tiende a olvidar e inevitablemente, puede aparecer la comparación. Dejar a un lado el móvil, centrarse en la vida real y en como eso te hace sentir con tus propias elecciones sí es la realidad.
  • Fomentar la aceptación personal. Cada persona es única y por tanto, cada cuerpo y vida también, con aquello que te gusta y lo que no te gusta. Que algo sea diferente no implica que sea feo ni malo, es algo que merece ser observado, cuidado, aceptado y si aun así deseas cambiarlo, ¡genial!

 

No se trata de no poder modificar aquello que no me gusta de mí (físico o emocional), sino desde donde se hace. Se puede hacer desde:

  • La frustración, insatisfacción, rechazo, odio = cambio

Entonces aparecerá el agobio, la ansiedad, el rechazo, la vergüenza…

  • La insatisfacción, comprensión, aceptación y tolerancia = cambio

La insatisfacción es necesaria para darnos cuenta de aquello que no nos gusta. No te gusta esa parte de ti y quieres cambiarla pero puedes entender, gestionar y aceptar que también forma parte de quien eres y solo por eso, esa parte, merece ser bien tratada.

Que se pueda o no o quieras o no cambiarla, ¡eso solo depende de ti!

 

La fuerza, el bienestar, la seguridad y la tranquilidad vienen de dentro, de aceptar mis partes corporales o personales que me gustan y las que me generan mayor incomodidad también. Vienen de tener pensamientos adecuados hacía un@ mism@, de gestionar las emociones de una forma adecuada y de conseguir rutinas, estilos de vida y sensaciones naturales, reales y adecuadas para cada persona, no perfectas ni comparables.

 

 

Referencias

Feijoo, B., Vizcaíno-Verdú, A., & Sádaba, C. (2024).

Entre lo saludable y el culto al físico. Incidencia del contenido publicado

por fitinfluencers en el cuidado del cuerpo de los adolescentes TEEN_ONFIT.

Informe de resultados. Universidad Internacional de la Rioja.

https://doi.org/10.5281/zenodo.11238284

 

Puedes escuchar la entrevista completa llevada a cabo en Onda Cero Castro Urdiales:

 

 

 

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