La falta de lo que no vemos

hace 20 mins · Actualizado hace 19 mins

 

Acaba el verano y vuelve la vuelta a la rutina, las responsabilidades, el colegio, el trabajo…etc. Antes de comenzar a hablar de ello, te hago una pregunta muy fácil, ¿Cuántas veces te has quejado hoy en lo que va de día? ¿Y después, que has hecho con ello?

“Que rollo volver a comenzar”, “con lo bien que se estaba de vacaciones”, “que aburrimiento”, “estoy hart@ de la rutina”…etc. Estas son solo algunas de las frases que probablemente pensemos o digamos en algún momento de Septiembre.

¿Quejarse es malo? En absoluto.

Entonces, ¿Dónde está el problema?

 

¿Qué es la queja y para qué sirve?

La queja es una expresión verbal o no verbal de malestar o insatisfacción ante algo cuando percibimos que no es como nos gustaría. Puede estar relacionado con algo externo (familia, amigos, situaciones…etc.) o con algo interno.

La queja nos ayuda a poner en palabras e identificar aquello con nos molesta, no nos gusta o nos desagrada y por tanto, quejarse no es algo negativo sino una constante humana necesaria para identificar lo que necesitamos, no necesitamos y como nos hace sentir.

La queja forma parte de nuestra vida, ¿que haríamos sin la queja de cuando llueve mucho, llueve poco, hace mucho frío o hace mucho calor? La queja, en la evolución humana, es el primer sistema de alerta para comunicar que algo requiere de nuestra atención.

Nos ayuda a identificar necesidades, poner límites o llevar a cabo cambios.

Sin embargo, el problema viene en el momento de después de la queja, lo que hacemos o no ante ella.

 

¿Cuándo nos atrapa?

-Queja: acción verbal o no verbal de comunicar lo que no gusta.

-Insatisfacción: emoción de desagrado o desilusión.

-Inconformismo: actitud de no conformidad. Permite cuestionar aquello que no gusta y pensar que podría ser diferente. Puede ser el primer paso para movilizarnos y buscar cambios.

El inconformismo es la actitud interna de desacuerdo ante el malestar, la frustración o la insatisfacción. Cuando no estamos conformes con algo nos hace cuestionar la situación y muchas veces, movilizarnos.

Por tanto, la queja, la insatisfacción y el inconformismo no son negativos sino que va a depender de lo que hagamos con ellos.

Si nos quedamos paralizados en la queja pero no hacemos nada para cambiar la situación (aceptar la situación también es un cambio), es cuando aparece el problema real, nos quedamos atrapados y bloqueados en la negatividad y en la frustración.

Por eso, la pregunta no es ¿Cuánto te quejas?, sino ¿Qué haces después de quejarte?

 

¿Por qué/Para qué nos quejamos?

  • Para expresar malestar: Como una forma de soltar, desahogarnos o compartir como nos sentimos.
  • Para buscar conexión y apoyo: Forma más inconsciente de buscar validación y empatía, sentir que no solo te pasa a ti, sino también a otras personas.
  • Dificultad para aceptar la realidad y gestionar la frustración: Las personas tenemos expectativas y cuando las situaciones no se dan como esperamos, puede aparecer la queja como forma de mostrar esa discrepancia entre la expectativa y la realidad.
  • Sesgo de Negatividad: Los sesgos son atajos mentales que nos hacen procesar la información de una forma más rápida con menor gasto de energía pero no necesariamente de una forma más racional. En estos casos lo negativo capta más la atención del cerebro y es por ello que hay personas que ven más el vaso medio vacío que medio lleno y eso hace que ante las situaciones se intensifique mucho más lo negativo que intentar buscar un equilibro. Esto les suele hacer sufrir mucho.
  • Como hábito: Hay personas que se relacionan con otras desde la queja porque han aprendido a mostrarse y relacionarse con el mundo de esta forma.
  • Queja como rumiación, no como cambio: Esto genera ansiedad, dar vueltas sin parar sobre el mismo tema, sin mirar más allá.
  • Cuando la queja solo sirve para sentirnos escuchad@s pero no para asumir responsabilidades: La queja también puede servir para sentirnos escuchad@s y comprendid@s por el entorno. Cuando esto ocurre genera un beneficio inmediato muy potente pero si no planteamos un cambio, nos quedaremos dando vueltas en una espiral.
  • Como forma de sentir el control: y buscar culpables. A veces nos quejamos porque necesitamos sentir que tenemos cierto control sobre las cosas y si además eso nos lleva a un culpable, genera que no tengamos que asumir responsabilidad ni cambios.
  • Nada es suficiente. Vivimos en un mundo en el cual cada vez se valora durante menor tiempo y con menor intensidad las pequeñas cosas, generando que inmediatamente después haya una queja de lo que nos falta.

El mundo actual nos insta a conseguir cada vez más y más cosas, más dinero, más experiencias, más ropa…etc., acostumbrándonos rápidamente a lo que ya tenemos y poniendo el foco en lo siguiente a conseguir. De modo que aquello que ayer soñaba con conseguir hoy lo tengo pero ya no tiene el mismo impacto, mi cabeza ya está pensando en lo siguiente que me falta y en como conseguirlo, generando un posible estado de insatisfacción crónica (consecuencias común de la exigencia).

 

Entrenando la queja

  • Diferenciar queja de necesidad. Diferenciar cuando quejarse ayuda a desahogar, soltar y ubicar nuevos cambios o cuando nos hace falta algo, cuando hay una carencia de algo.
  • Convertir “Que mal todo” en “¿Que puedo hacer con esto que me pasa?”. Aceptar la situación y plantear estrategias físicas, contextuales y emocionales para lidiar con la situación.
  • Limitar el tiempo de queja. Dedica un tiempo a quejarte y una vez pasado ese tiempo, fuérzate a verbalizar solo posibles soluciones o pensamientos que busquen el equilibrio entre ambas partes. Todo pensamiento o verbalización negativa no será aceptada en esta segunda fase.
  • Diferenciar queja e inconformismo saludable o destructivo. ¿Qué función tiene en mí? ¿A qué me ayuda? ¿Me moviliza o solo me desgasta?
  • Aprender a vivir con la incomodidad. En la vida las cosas no salen como esperamos y muchas veces nos quejamos buscando cambiar las cosas, pero hay ocasiones en que las cosas no van a cambiar y debemos transitar con la incomodidad y la frustración. Esto, por raro que parezca, es más difícil de lo que suena. Cuando algo nos incomoda nos hace estar inquiet@s, alert@, rumiantes o poco conectados con la realidad, queriendo eliminar las sensaciones más “desagradables”. Y la queja y el inconformismo muchas veces va de esto, de no eliminar aquello que nos disgusta, sino de aprender a tolerarlo.

Para gestionar esto, a nivel mental hay que aprender a gestionar los pensamientos y aceptar la realidad. A nivel emocional hay que aprender a enfrentar y gestionar las emociones difíciles o incómodas. Y a nivel corporal, ubicar todo lo anterior en el cuerpo sin hacerlo desaparecer.

Aprender a aceptar esta parte ayuda a aceptar que no todo está como me gustaría, pero a pesar de eso, también puede estar bien.

 

El inconformismo ayuda a identificar, la queja a verbalizar y los cambios a avanzar.

En ocasiones nos hacemos la pregunta incorrecta ¿qué me falta?, en vez de  ¿Qué es lo que he dejado de ver porque me he acostumbrado a tener?

Vivir mejor no siempre es tener más, sino recuperar la mirada sobre lo que ya existe.

 

Puedes escuchar la entrevista entera llevada cabo en Onda Cero Castro Urdiales en el siguiente enlace;

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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