La vuelta a la realidad

hace 6 meses · Actualizado hace 13 mins

 

22 de Septiembre, cambio de estación. Acaba el verano y comienza el otoño. Pasamos del sol, fiesta, desconexión (para much@s ya acabados desde el día 1 de Septiembre) a vernos inmersos en la rutina, quehaceres y cambio de perspectiva de un año que se puede antojar largo.

Acaba una estación para comenzar otra y con ella, muchos cambios, tanto a nivel físico como psicológico, dando lugar a lo que conocemos como “Síndrome Postvacacional”.

¿Cómo hacer que la vuelta a la rutina y que la llegada al otoño afecte lo menos posible?

Síndrome postvacacional. Llamamos síndrome al conjunto de síntomas o rasgos que se presentan de forma conjunta, recurrente y común en la población pero que no necesariamente indican una patología ni una enfermedad detrás. Es como ver muchas señales juntas (dolor de cabeza, fatiga y fiebre, por ejemplo), sin tener que saber necesariamente su causa y sin tener que significar que sea una enfermedad.

Para la mayoría de las personas el verano se asocia con la época de mayor tranquilidad del año ya que se vive con mayor calma. Tranquilidad, desconexión del trabajo y responsabilidades diaria, buen tiempo y más planes improvisados y divertidos. Al llegar Septiembre, viene la época contraria, la vuelta a unos horarios concretos, las prisas, las mil tareas y preocupaciones del día a día…etc. Por ese motivo, muchas personas sienten fatiga, desmotivación, apatía, dificultades de concentración, irritabilidad, tristeza y/o cambios físicos. Socialmente tendemos a hacer cambios muy rápidos ya que, por lo general, se pasa de cerrar la jornada laboral un 31 de Julio y se vuelve a retomar donde se dejó (como si nada hubiera cambiado) un 1 de Septiembre.

¿Y todo lo que ha pasado en ese tiempo, dónde queda? ¿Puede y debe nuestro cuerpo y mente cambiar tanto el chip tan bruscamente?

La respuesta es que no, ni debe ni puede. En un tiempo concreto tu cuerpo y mente han tenido que entender que los problemas laborales y su rutina ya no eran importantes dando paso a otro tipo de “preocupaciones” (que bañador ponerme, a qué playa ir y qué plan hacer). Lo mismo de la forma contraria, cuando estás de vacaciones y en X fecha vuelves con el mismo ritmo e implicación al trabajo. Por todo ello se da el famoso Síndrome Postvacacional.  Nuestro cuerpo y mente se han visto “obligados” a desconectar de un día para otro, haciendo como si los problemas y rutinas laborales no existieran para después, volver a la rutina de siempre de una manera abrupta.

Algunos de los motivos por los que se da el Síndrome Postvacacional son los siguientes:

  • Cambios de rutinas. Pasamos de la playa/piscina, chiringuito y salir a cenar (entiéndase la idealización) a los horarios fijos, las obligaciones, los problemas laborales y las preocupaciones económicas.
  • Las expectativas. Tendemos a desconectar tanto en verano de esas emociones menos agradables (como la preocupación, el estrés o la ansiedad del trabajo y personal) que pasamos al polo contrario, creyéndonos que el verano va a hacer desaparecer los problemas y viviendo en una burbuja. Por ello, cuando se vuelve a la realidad, nos damos cuenta que nada ha cambiado, los problemas y preocupaciones siguen estando ahí, pudiendo generar frustración, decepción y tristeza.
  • Desajustes en el sueño. Se vuelve al trabajo y con ello también a cuidar el sueño. Volver a ajustar esta área a veces puede ser complicada, ya que no se tiende a dormir lo suficiente pudiendo generar cansancio y problemas de concentración.

Estos son algunos consejos para gestionar y sobreponerse a la vuelta de las vacaciones:

  • Volver de vacaciones unos días antes de comenzar el trabajo. Muchas veces se vuelve de vacaciones el último día a última hora intentando aprovechar al máximo la época estival. Pero sin embargo, esto no es lo más adecuado para nuestro cuerpo y mente. Poder volver de vacaciones unos días antes de la vuelta al trabajo ayuda a ordenar, lavar y poner todo a punto sin prisas ni agobios. Además, así ayudaremos a la cabeza a ir adaptándose a la vuelta.
  • Reincorporarse progresivamente a la vuelta al trabajo y a las rutinas. Hacerlo de una forma progresiva ayuda a que nuestro cuerpo y mente se vaya adaptando poco a poco a la nueva rutina, sin tenerlo que hacer de forma ansiosa. Lo cual ayudará en poder escucharte más para identificar que vas necesitando. Todos tenemos claro que hay cosas que son así y no se van a poder modificar, como el trabajo y ciertas obligaciones, pero en todo lo demás poder permitir escucharnos es un trabajo que se puede llevar a cabo en ciertas rutinas de casa, deporte, comidas y planes sociales.
  • Póntelo fácil. Por la razón anterior, intenta que los primeros días sean más sencillos y no sobrecargados de tareas complejas.
  • Motívate. Incorpora actividades y planes motivadores.
  • Ligado al punto anterior, escucharte y tener claro cuales son tus acciones de autocuidado para encontrar ese equilibrio entre las responsabilidades inamovibles y las de autocuidado.
  • Intentar mantener un orden en casa. Ordenar lo de fuera ayuda a ordenarnos por dentro, por eso, mantener rutinas de orden en casa y actividades ayuda a mantener el orden interno.
  • Cuidar la alimentación y las horas de sueño.
  • Deporte y planes sociales.
  • Intentar organizarte los próximos días, pero no más. Intentar encontrar el punto medio entre no ir día a día y que eso genere una falta de organización y productividad, ni tampoco organizar semanas a un medio plazo. Intentar evitar la sobrecarga del futuro para no alertar a la cabeza. Organízate, pero con flexibilidad.
  • Intentar estar presentes en el ahora. En gran parte, el Síndrome Postvacacional afecta porque nuestra cabeza empieza a trabajar a mil por hora desde el minuto uno de la vuelta a la rutina, generando estrés y ansiedad. Por eso, intentar no adelantarse a los acontecimientos es una gran tarea; a veces complicada; para mantener el equilibrio y que nos ayude a centrarnos en los puntos anteriormente citados. Identificar los pensamientos irracionales que nos sobrecargan y adelantan a las circunstancias, es vital para llevarnos mejor con nosotr@s mism@s. Por eso, siéntate con esos pensamientos, intenta calmar la cabeza y luego ponte en acción, date algo que necesites (un paseo, hacer deporte, leer el libro al que estás enganchad@, llamar a un amigo o familiar…etc.).

“Todo llegará”, tanto la tranquilidad como la época de agobio, y eso, también está bien. Empezar con todo poco a poco también está bien.

La vuelta a la rutina no tiene por qué ser “solo” trabajo y responsabilidades, quizá también se puede hacer de un día de diario, un rato “hecho a tu medida”.

Y esto, más que una sugerencia, debería ser una obligación. Al igual que se necesita trabajar para poder vivir, se necesita “tu rato” diariamente para poder seguir viviendo y no intentar sobrevivir para llegar al fin de semana.

¿Por qué una hora del sábado no puede ser los nuevos veinte minutos del lunes a la tarde?

 

Conflictos de pareja en verano

Por otro lado, el verano también puede ser sinónimo de crisis de pareja. Arriba comentábamos los beneficios del verano y del disfrute. Pero sin embargo, el tiempo libre y las vacaciones también pueden ser sinónimo de discusiones, malestar y desencuentros entre familiares y parejas.

Durante el año funcionamos con el piloto automático y todos los miembros de la familia saben como funcionar, las clases, el trabajo, el deporte, el plan con los amig@s...etc. Pero a nivel familiar y de pareja, se pasa de estar muy poco tiempo junt@s a estar 24/7 conviviendo. El verano pone a prueba las bases de una relación ¿Qué tipo de problemas pueden surgir?

  • Problemas de comunicación. Desacuerdos, diferentes visiones y opiniones, falta de expresión de sentimientos o incapacidad para gestionar los conflictos son algunos de los problemas que surgen en verano.
  • Incompatibilidad de planes y forma de vida. Lo cual genera conflictos.
  • Desconexión emocional. Muchas personas llegan al verano “perdidas” en su relación, pensando que no tener obligaciones va a hacer que puedan centrarse más en sus parejas. Sin embargo, ocurre todo lo contrario, el cuidado de la relación de pareja no es algo que pueda cultivarse y mantenerse únicamente una temporada concreta al año. Lo que ocurre es que durante el año, con las rutinas y responsabilidades, el no pasar tiempo de calidad juntos, la falta de comunicación, la falta de expresión emocional o la falta de contacto parece que son “menos problemas” ya que no hay tiempo para ocuparse de ello y las rutinas diarias maquillan estas carencias. Con la llegada del verano, afloran las situaciones conflictivas y el no tener herramientas trabajadas en la pareja para gestionarlas hace que en esta época del año aparezcan muchas más crisis de pareja.
  • Falta de negociación. A menudo escucho en terapia que una pareja es ceder. Ceder supone resignarse y una relación de pareja no debería ser una competición en la cual hay un perdedor. Negociar y adaptarse supone hacer lo que es mejor para la relación o para una de las partes en un momento concreto. Es aprender a llegar a un acuerdo entendiendo que no podemos estar de acuerdo en todo ni nos van a gustar las mismas cosas y eso, no es malo. Una pareja es un equipo de fútbol que tiene que funcionar conjuntamente, entendiendo y sacando provecho a las habilidades de cada jugador para sacar el partido adelante. ¿Os imagináis un equipo de fútbol donde cada uno jugara de forma individual? Sería un desastre, ¿verdad?, pues la relación de pareja es lo mismo.
  • Roles inadecuados. Diría que esto es uno de los conflictos más comunes en las parejas, el equilibrio de sentir una igualdad de roles (sobre todo en cuanto a tareas del hogar, de responsabilidades y de sobrecarga mental).
  • Estilos educativos diferentes. En el caso de tener hijos, diferentes formas de educar y que no haya un acuerdo o consenso común pone en quiebre la atmósfera familiar y de pareja. El no entender como funciona otro, el no comunicar y el no saber llegar a acuerdos comunes; no desde el ceder, sino desde el respeto, comprensión y negociación; genera muchos conflictos.
  • Compromisos sociales. No gestionar de una forma adecuada y saludable para la pareja las características anteriores, puede hacer que en verano, al tener más planes y mayores compromisos sociales y familiares, no se respete, no se pongan límites, no se comunique o no se cuide el bienestar de ambas partes de la pareja. Lo cual puede llevar a ldistanciamiento, frustración y conflicto en la pareja al verse en obligaciones sociales y familiares no deseadas.
  • Negación de la crisis de pareja. Vuelta al trabajo, a la rutina y ya está, la crisis ha pasado y volvemos a nuestra zona de confort, “habrá sido una mala racha”. Volvemos a no miramos, apenas hablamos, apenas mantenemos relaciones sexuales, no nos cuidamos, no llegamos a acuerdos y funcionamos de manera individual. “Pero oye, esta forma de funcionar es más cómoda, fácil y a la que nos hemos habituado”. Cambiar significa esfuerzo, trabajo y tiempo. ¿Estás dispuest@ a invertir eso en tu relación de pareja?

El problema no es el verano ni el tiempo libre, el problema es el no haber cultivado a lo largo del año el disponer de las herramientas necesarias para solucionar los conflictos. El verano no es más que el desencadenante de ello.

El verano para estas parejas podría ser como salir de una zona de confort (aunque conflictiva). Que algo sea una zona de confort no significa que sea saludable.

Si siempre has vivida en un mismo clima y poniéndote todos los días la misma ropa, cuando sales de ahí no sabes donde encontrar el jersey para el frío ni donde resguardarte porque, aunque no era sano vivir en ese clima anterior, te habías habituado a vivir en pantalones cortos y al sol.

Por tanto, tienes dos opciones, enfadarte con el cambio de clima y resignarte hasta esperar volver al sol y  a los pantalones cortos, o aceptar tu falta de herramientas, analizar el terreno y poner soluciones, intentar encontrar el jersey que más te abrigue y mejor te haga sentir.

¿Qué herramientas pueden ayudar a sobrellevar los conflictos en pareja?

Obviamente cada pareja es un mundo con sus ingredientes particulares, pero algunas recomendaciones pueden ser (a aplicar en cualquier momento del año):

  • Fomentar la comunicación en pareja. Aprender a expresar emociones, pensamientos y apetencias, a la vez que, aprender a respetar l@s de un otr@, por diferentes que puedan llegar a ser. Hacer el ejercicio de poner en común las expectativas y deseos puede ayudar a no generar malentendidos y a una mejor comunicación, no dando nada por sentado.
  • Priorizar los ratos en pareja. Interiorizar que pasar rato de calidad en pareja es una necesidad y no una opción, es algo vital. Organizarse y guardar un tiempo en común para realizar actividades o simplemente estar, sin prisas.
  • Poner los planes en común. Muchas veces veo en consulta parejas que funcionan sobre la marcha, sin haberse llegado a preguntar o interesar por el planning semanal de la otra persona. Parejas que pasan juntos “el rato que les queda”. Poner en común el calendario semanal ayudará a marcar los límites del espacio individual, de familiares, de amigos y de pareja.
  • Pregúntale que tal está y que necesita. Parece obvio que estas preguntas formen parte de las relaciones de pareja, pero cuando los conflictos son continuos, se olvida la parte más sencilla y compleja a su vez, preguntar y escuchar. Muchos de los conflictos de pareja residen en no escuchar y preguntar los suficiente, obviamente con el objetivo de tener en cuenta, cuidar y respetar la respuesta.
  • Dejar la tecnología a un lado. Desayunar, comer y/o cenar juntos sin nada de por medio es de vital importancia. Al igual que reducir el uso de la tecnología. Acostumbrarse a que cuando haya planes de pareja, no haya ningún aparato electrónico de por medio.
  • Hacer actividades juntos. Cada vez veo más parejas independentistas, que cada un@ funciona a su forma. Obviamente, cada persona tiene que tener su espacio, pero aprender a hacer cosas junt@s es de vital importancia (siempre que el tiempo y las rutinas lo permitan). Ir a hacer la compra junt@s, hacer deporte junt@s, arreglar cosas junt@s, hacer las tareas de casa a la misma vez.. etc. Acompañarse, no solo en los planes divertidos y placenteros como salir a cenar o ir al cine, sino en los compromisos del día a día, ser un equipo.
  • No tener miedo a pedir ayuda. A veces se tiene la idea de que acudir a terapia de pareja supone que las personas están en un momento de crisis vital en su relación, ya que se suele acudir cuando asoma la opción de la ruptura. Y, ¡para nada es así! La terapia es un espacio para mejorar, independientemente de la gravedad de una situación. Invertir tiempo, espacio y esfuerzo económico en ser un equipo es un gran ingrediente para ser feliz.

Os animo a hacer un ejercicio. Ahora que ha pasado el verano, poned en común que os hubiera gustado que hubiera sido diferente a lo largo de este verano. Hay una única regla, no se puede juzgar ni echar culpas, sino compartir, escuchar, comprender y cambiar. Ya que si no sabéis lo que os ha incomodado no vais a poder cambiarlo.

 

Pareja es sinónimo de sumar en equipo y cuanto mayores herramientas dispongamos de gestión emocional individual, más fácil será gestionar de la forma más adecuada los conflictos de pareja.

Y hablando de la vuelta…

Si has sentido que tu verano no ha sido el “ideal”, si no llegas al trabajo con las pilas cargadas, si no te has marchado de vacaciones, si estás pasando por una crisis de pareja o por un momento complicado, eso también está bien. El verano es otra época más y cada persona la vive como puede. Por eso, el cuidarse a lo largo del año es importante.

No haber marchado de vacaciones y haberte quedado intentando disfrutar de las actividades que más te gustan también está bien. El verano no es más que calor y más tiempo libre, por ello, cada persona elige como, cuando y con quien vivirlo.

 

Puedes escuchar la entrevista completa en Onda Cero Castro Urdiales aquí:

 

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